¿Por qué hace falta el Año Internacional de la Astronomía? Correo
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Escrito por JNieto   
Miércoles, 15 de Julio de 2009 23:53

2009: El Año Internacional de la Astronomía de la ONU

Es curioso: nunca en la historia de la Humanidad hemos sabido tanto sobre el Universo en que existimos, y sin embargo, nunca las personas han vivido tan ajenas a él. Desde que la humanidad es humanidad, hace cientos de siglos, el espectáculo del cielo estrellado fue parte fundamental de la cultura de los pueblos, de su paisaje, incluso de su vida diaria y entretenimiento. Todos, desde niños, conocían la Vía Láctea, muchas constelaciones, esas “estrellas” móviles que son los planetas, las fases y posición de la luna. Y muchos incluso se servían del firmamento para su profesión, sobre todo marineros y agricultores. Todos disfrutaban en las tranquilas noches de verano de la contemplación de miles de estrellas, en esas noches sin luna, en soledad o en suave conversación, y se preguntaban por lo que significaba, sin saber las respuestas, y aún así disfrutando el misterio.

En el siglo XXI las cosas han cambiado. Sabemos mucho, muchísimo sobre el Universo. Los astrónomos disponen de instrumentos sofisticadísimos, desde telescopios de 10 metros de diámetro en cumbres de volcanes de 4000m hasta satélites que miden con enorme precisión en todas las longitudes de onda, incluido el telescopio espacial “Hubble”. Con ese torrente de datos, los astrofísicos han construido teorías y modelos que pueden explicar bastante bien casi todo lo que observamos en el cielo. Sabemos más o menos cómo se forman las estrellas, cómo funcionan, y cómo mueren; cómo se formó la Tierra y el Sistema Solar. Cómo se formaron las galaxias, y cómo empezó el Universo tal como lo conocemos. Sabemos una barbaridad de cosas, y  también sabemos que ignoramos otra enormidad más grande todavía.

Pero, curiosamente es ahora, en el siglo XXI, cuando nosotros, la gente normal, menos miramos y conocemos el cielo. Ha sido en nuestra generación cuando el cielo ha desaparecido de nuestro paisaje. Triste honor, pensar que en aras de un progreso mal entendido nuestra generación haya decidido que el derroche de luz es moderno, que apuntar los focos contra el cielo es muestra de bienestar. Que iluminar las copas de los árboles, las ventanas de las casas, las laderas de los montes y hasta el mar, hace bonito. Que cargar de halógenos las calles va a llenar las tiendas de ansiosos compradores, o ponerle focos al castillo o la iglesia de turno, de abajo hacia arriba, va a atraer hordas de turistas como polillas a la luz. Pues no. Sepan que no es así. Lo moderno, lo correcto, lo económico y lo que funciona es poner la luz donde hace falta, no donde se tira y contamina. Pero mientras nos damos cuenta de ello, muchos niños y jóvenes de hoy no han visto nunca la Vía Láctea, ni constelaciones, ni planetas, ni nada que esté en el cielo, al cual viven ajenos. Y eso es la verdadera Cultura: saber dónde estamos realmente, por dónde rueda la pequeña esferita que llamamos nuestro planeta, qué somos en relación al mundo. Hasta dónde llega el infinito, cuánto va a durar el Universo. Todo eso que uno se pregunta sin querer en las noches estrelladas, que ya sólo unos pocos pueden disfrutar.

Para intentar mejorar esta situación, Naciones Unidas declaró 2009 el Año Internacional de la Astronomía. Hay muchos objetivos, pero uno de ellos es precisamente mostrar al público que el cielo es una parte del paisaje que merece la pena conocer un poquito, y que hay que cuidar sin contaminarlo (lumínicamente). Hay muchos actos todo el año, en todo el mundo. Para ver los que hay en España, ver www.astronomia2009.es. Aquí en el Camp de Tarragona, la Associació Astronòmica de Torroja del Priorat (AATP, www.astrotorroja.es) organiza numerosas actividades, como conferencias, cursos de astrofotografía y observaciones populares, a menudo en colaboración con otras entidades.

Por último, ¿por qué Naciones Unidas ha escogido 2009 como Año Internacional de la Astronomía? Porque hace exactamente 400 años que Galileo Galilei, el pisano que en muchos aspectos fue el precursor de la ciencia moderna, usó por primera vez en la historia un telescopio para mirar al cielo. El telescopio ya estaba inventado, según se dice por un holandés, pero el primer ser humano que pensó en apuntar al cielo para ver más fue Galileo. Y se quedó asombrado: vio que el cielo no era la esfera perfecta que desde Aristóteles se suponía que era. Fue la primera persona que vio (y dibujó) cráteres en la luna que cambiaban de aspecto según las sombras variaban, y manchas en el sol que mostraban que el sol gira. Intuyó que Saturno era algo “raro”, aunque no pudo identificar que eran anillos. Y lo más alucinante para él, vio los satélites principales de Júpiter girar alrededor de éste, como un sistema solar en miniatura: ¡Había cuerpos celestes que no giraban alrededor de la Tierra! Esta evidencia acabó por liquidar, por si quedaban dudas en alguna poderosa Institución de la época, la idea de que la Tierra es el centro del Universo. Aunque al pobre Galileo casi le cuesta la vida (eso es otra historia), sus históricas observaciones fueron el comienzo de la Astronomía moderna y el principio de nuestra comprensión del Universo en que vivimos.